La actividad física mejora la calidad de vida en casos de cáncer de mama

Mejorar nuestra calidad de la vida (CdV) es uno de las necesidades fisiológicas de cualquier ser humano. Para ello, factores como el ejercicio físico, una alimentación correcta o las relaciones sociales son claves para lograr este objetivo. Pero este logro por mejorar nuestra CdV adquiere un mayor matiz cuando la persona presenta alguna patología grave, como es el cáncer de mama.
Por lo general, las mujeres con cáncer de mama sufren un severo tratamiento con efectos secundarios tales como fatiga, náuseas, citopenias, metástasis y depresión. Por este motivo, en DomoPersonal consideramos relevante el estudiar un programa de ejercicio físico que mejore la calidad de vida durante y después del tratamiento.

 

A grandes rasgos, los efectos mencionados anteriormente se pueden agrupar en tres niveles interrelacionados:

 

  • Nivel Físico: incluye fatiga, dolor, náuseas, vómitos, trastornos del sueño, caquexia, cambios de peso y alteración de la imagen corporal asociada a la pérdida del pelo, la mastectomía y el linfoedema.
  • Nivel Funcional: consiste en una disminución de la efectividad cardiovascular, ataxia, pérdida de tono y atrofia muscular, disminución de la amplitud de movimiento.
  • Nivel Psicosocial: incluye distrés, ansiedad, depresión, estrés, disminución de la autoestima, pérdida del autocontrol y sensación de aislamiento.

 

 

Algunos de estos efectos pueden durar meses o años más allá del tratamiento. Sin embargo, estudios previos demuestran que el ejercicio físico consigue paliar estos síntomas negativos en beneficio de la calidad de vida de la mujer, siempre teniendo en cuenta que cada caso es particular y requiere de un control individualizado del programa a realizar. Se trata, pues, de una terapia efectiva para gran parte de las pacientes de cáncer de mama.

 

Un modelo de programa de ejercicio físico dirigido a una mujer con cáncer de mama podría ser el siguiente:

 

1. Ejercicio aeróbico:

 

  • Realizar una actividad que implique grandes cadenas musculares como caminar, ciclismo, carrera o natación.
  • De 3 a 5 sesiones por semana.
  • Ejercicios de moderada intensidad, de 15 a 60 minutos
  • Ritmo de progresión dependiente de la adaptación cardiovascular del paciente.

 

2.- Trabajo de fuerza muscular:

 

  • Trabajo de fuerza-resistencia focalizado en cada uno de los grupos musculares para mantener y mejorar la flexibilidad: piernas, pecho, dorso, brazos y abdomen.
  • 3 sesiones por semana con un día de descanso entre sesiones.
  • Realizar 2-3 series de cada ejercicio con 15 repeticiones cada una.
  • Ritmo de progresión ascendente siguiendo el orden repeticiones-series-peso.

 

3.- Trabajo en pacientes con fatiga:

 

  • Ejercicio aeróbico o de condicionamiento muscular fuerza-resistencia (exceptuando la natación)
  • Tres sesiones/semanda de intensidad medioa o 5 sesiones/semana de intensidad baja. Ejercicios de 15 a 60 minutos de duración
  • Progresión en función a la relación carga/fatiga durante y después de la actividad.

 

En definitiva, la promoción del ejercicio físico para la mejora de la calidad de vida en pacientes de cáncer y en aquéllas que ya lo han superado está científicamente justificada. Para lograr un resultado óptimo, cada programa de ejercicios deberá ser estudiado y dirigido por una persona formada en Actividad Física y Deporte, quien a su vez tendrá en cuenta las indicaciones del médico para tomar las precauciones necesarias en cada caso.

 

Fuente:

 

Bernat-Carles Serdá Ferrer
UdG Universitat de Girona

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