Ejercicio de fuerza antes que ejercicio aeróbico

obesidad y ejercicio de fuerza

Tradicionalmente en el tratamiento de la obesidad se ha priorizado el ejercicio aeróbico sobre el ejercicio de fuerza basándose en que en el ejercicio aeróbico se utilizan más las grasas y en que se queman más calorías.

Esto responde a un interés puramente estético priorizando la imagen corporal sobre la salud, y las investigaciones más actuales cada vez desechan con más rotundidad este método de entrenamiento.

En la obesidad la musculatura funciona de manera incorrecta debido a que la grasa se acumula dentro de ella. Para visualizar a que nos referimos se puede imaginar una loncha de jamón serrano y como se observa la grasa acumulada entre las fibras musculares del cerdo. Esta lipotoxicidad junto al sedentarismo asociado a la obesidad provoca que cada vez las fibras musculares funcionen peor y sean capaces de generar menos fuerza.

Por tanto si nuestro objetivo es la pérdida de peso deberemos lograr un balance calórico negativo con una dieta hipocalórica y una actividad física que consuma más calorías de las que ingerimos pero para ello debemos tener una masa muscular que funcione de forma correcta.

Para entenderlo sería como tener un horno que no funciona, por mucha comida que le introduzca no va a cocinarla correctamente. Podríamos decir que el horno de una persona obesa podría cocinar a 150ºC y el de una persona saludable a 220ºC. Por tanto aunque ambos cocinan uno lo hace de manera más adecuada y eficiente que el otro. Primero deberemos arreglar el horno y después preocuparnos por cocinar.

Está ampliamente demostrado que el ejercicio de fuerza es la mejor opción para conseguir que la musculatura vuelva a ser funcional utilizando los sustratos energéticos (hidratos de carbono y grasas fundamentalmente) de forma adecuada y una vez que la musculatura funcione bien entonces podremos preocuparnos de consumir un mayor número de calorías.

Además la musculatura esquelética y el tejido adiposo (grasa) se sabe que son importantes órganos endocrinos, es decir, que sirven para regular el organismo afectando a otros órganos mediante diferentes señales que envían atreves del torrente sanguíneo.

Estas señales están en una “batalla” unas contra otras siendo en el caso de la obesidad las señales de la grasa las vencedoras ya que el tejido adiposo es muy abundante y que como hemos dicho el tejido muscular no funciona correctamente.

Por tanto lograr una mejor función muscular inclinará la balanza hacia una victoria del musculo frente a la grasa y ello repercutirá en un mejor estado de salud, puesto que se mejora la tolerancia a la glucosa (menos riesgo de diabetes tipo II), se reduce la presión arterial con la consiguiente reducción del riesgo cardiovascular, etc.

Desde Domopersonal te animamos a realizar entrenamiento de fuerza para lograr tus objetivos en la lucha contra la obesidad.

Autor: Roberto Conesa, entrenador DomoPersonal especializado en obesidad y sobrepeso.

 

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