¿El estrés hace engordar o adelgazar?
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¿El estrés hace engordar o adelgazar?

¿Eres de las personas que piensan que el estrés te hace engordar o por el contrario adelgazar?

La respuesta no es ni una opción, ni la otra, es depende. ¿De qué depende? Va a depender fundamentalmente del tipo de estrés y de la persona en concreto.

Para entenderlo empezaremos por definirlo.

¿Qué es el estrés?

El estrés es una respuesta del organismo totalmente natural que nos ayuda a enfrentarnos a una situación de amenaza en un estado en el que nuestro cuerpo está alerta y repleto de energía.

Esto era tremendamente útil cuando nuestros ancestros tenían que luchar por su supervivencia enfrentándose a animales salvajes o luchando contra un clan o tribu rival.

Esto es lo que llamamos estrés agudo, es una situación puntual en la que tenemos que huir o luchar y el cuerpo se prepara para ello de forma muy eficiente ya que lleva toda nuestra evolución perfeccionándose para ello.

En ese momento de máximo estrés el cuerpo libera una serie de sustancias llamadas hormonas que hacen que los músculos se tensen, suelta azúcar al torrente sanguíneo para que tengan energía disponible y reduce el riego sanguíneo a órganos no vitales para tener toda la sangre en la musculatura y evita sensaciones como el deseo sexual, el hambre o el sueño ya que necesita la máxima atención en la situación a la que se enfrenta.

Este es el motivo por el cual el estrés puede hacer que cierta gente pierda el apetito y por tanto acabe perdiendo peso.

Pero como hemos dicho existe otro tipo de estrés, el estrés crónico. Este estrés crónico es el más habitual en las sociedades modernas y se caracteriza por ser un estrés de un nivel mucho más bajo que el anterior, pero sin embargo constante y de muy larga duración. Problemas económicos, problemas laborales, problemas de pareja, entre otras muchas causas y generalmente combinadas generan este estrés crónico.

EL cuerpo responde ante este estrés de igual manera que lo hacían nuestros ancestros, tensión muscular, problemas para conciliar el sueño, azúcar en sangre pero en este caso nuestro cerebro ha aprendido una estrategia diferente para el tema del hambre o más concretamente del apetito (link al video de hambre vs saciedad) ya que este tipo de estrés nos hace tener apetencia por alimentos mucho más calóricos ricos en grasas y azucares ya que son más sabrosos, nos producen más placer y eso contrarresta la sensación desagradable del estrés al menos durante un corto periodo de tiempo.

Este mayor consumo calórico evidentemente nos hace incrementar de peso, pero no solo eso, como hemos dicho el cuerpo tiene cantidades elevadas de azúcar en sangre y eso hace que no utilice la grasa que tiene almacenada ya que si hay azúcar presente el uso de las grasas se reduce, lo que acaba provocando que nuestros músculos como siempre utilizan los HC como fuente de energía dejen de utilizar las grasas de forma eficiente y cada vez consuman menos grasas.

En resumen, la respuesta natural del cuerpo ante el estrés es la pérdida de hambre y por tanto de peso pero en la sociedad actual de estrés continuo de baja intensidad nuestro cerebro utiliza la comida como una satisfacción para luchar contra las sensaciones desagradables del día a día.

Autor: Roberto Conesa. Entrenador en DomoPersonal especializado en nutrición y enfermedades metabólicas.

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